Si nos dijeran que a partir de mañana íbamos a contar con 15 asistentes en cada aula, uno por cada pareja de alumnos, capaces de realizar una serie de funciones tales como corregir ejercicios, acceder a caudales de información multimedia, dibujar con regla y compás, calcular, etc, etc. No creo que nadie dijera “no los quiero, no me interesa”.
Sin embargo hay compañeros/as de trabajo que no quieren saber nada de ordenadores, ¿no es un poco ilógico?
Algunas veces cambiar nuestra metodología de trabajo asusta un poco al profesor/a que empieza a usar las TIC. Yo recomiendo que se pruebe.
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